Apocalypsis Iesu Oratorio

Si la música puede tener, como creo, algo que decir sobre el Libro de Apocalipsis, este algo es, en mi experiencia, principalmente estructural, y no espectacular. La tarea de organizar tal cuerpo de palabras en algo comprensible ya es una especie de empresa musical, y el Libro del Apocalipsis de alguna manera parece prestarse a tal enfoque, una vez se haya ahondado suficientemente en su estructura interna. A veces posee un dramatismo considerable, pero en marcado contraste con momentos algo prosáicos (a veces párrafos enteros) de descripciones mundanas e invectivas incómodas. Es climático pero también (y esto es importante) muy repetitivo. Estos contrastes se entrelazan dentro y fuera de una narrativa con ritmos muy desiguales, recapitulaciones, digresiones (en opinión de algunos) quizás innecesarias, y fragmentos que parecen interpolados o cambiados a última hora por del autor (o su sucesor, como se ha propuesto en ocasiones). El Libro del Apocalipsis se nos presenta como apilado en capas, y veces parece irradiar desde diferentes centros sin llegar a aportar una imagen unificada del objeto de su narración; es, en una palabra, una antitrama (o “antiplot”).

Mors Secunda – Apocalipsis 21: 8 (Extracto)

No es que el Libro del Apocalipsis no se pueda leer de manera lineal, por así decirlo. De hecho esa es la forma habitual y ortodoxa de abordar su contenido. Al mismo tiempo esto no significa que aquellos que ven una continuidad más o menos lineal dentro de los 22 capítulos del Libro del Apocalipsis impliquen que haya una trama clara y unificada a todo lo largo del mismo. Al lector que se acerque a este tema por primera vez, le recomendaría Revelaciones: visiones, profecía y política en el libro del Apocalipsis de Elaine Pagels (PDF), una introducción perspicaz al tema respaldada por una bibliografía erudita.]

Apocalypsis Iesu 2 & 3 – Peter & Paul Cathedral-Tallinn

El Apocalipsis comienza con una visión del “Hijo del Hombre” y un mensaje a las siete iglesias de Asia Menor. A medida qu nos adentramos en el relato este, paradójicamente, parece a veces despojar a la divinidad de las características más humanas del Dios cristiano. En cierto sentido esta visión de Dios podría entenderse como una continuación del proceso de deificación de Jesús de Nazaret-Jesucristo-Dios en un contexto mitológico más tradicional. Inmediatamente después, Juan explica lo que ve de una manera puramente simbólica (Apocalipsis 1:20). Esta “explicación” se traduce sacramentum en la Vulgata, mysteriumen el griego original, y “misterio” en Reina-Valera, un término del que no estoy totalmente seguro de que corresponde a lo que implica en el texto griego. Apocalipsis 1:20 prepara el escenario para una serie de visiones que se supone deben entenderse simbólicamente, pero en las que las el acercamiento benévola inicial de Juan va quedando fuera casi por completo hasta el final (o los dos finales, ver Los Dos Apocalipsis). Y aquí radica la principal dificultad del relato de Juan: parece deslizarse frecuentemente desde el símbolo, por el cual se supone que hemos de entender la totalidad del libro, o al menos su conjunto visionario, a la significación o significado literal. Este “significado” dría quizás entenderse como una glosa o explicación de la polaridad o continuidad tipológica* con la que tradicionalmente se asociala continuidad entre Viejo y Nuevo Testamento.

La pregunta sobre qué significan esas visiones nunca se puede responder por completo: no es posible un diccionario de las imágenes apocalípticas o símbolos del Libro de Apocalipsis.

Musicalmente esto tiene enormes consecuencias: si el compositor (cualquier compositor) desea transformar el Libro del Apocalipsis en una experiencia musical, solo puede hacerlo o bien en forma de viñetas, y así dar rienda suelta a cualquier postura dramática que le sea más afín o experimentalmente atractiva, o seguir el mandato dado en Apocalipsis 10: 9, devorar el libro como un todo. Conocemos las consecuencias de esto:

Y me dijo: Tómalo y cómelo; y te amargará el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel. (Ap. 10:9)

Bamberg Apocalypse Folio025v Angel With Little Book (Commons)

Puede haber varias razones por las que hasta ahora los compositores no se hayan hecho cargo de la tarea de escribir música para el texto completo de Libro del Apocalipsis. La extensión del texto es uno de esas razones (esto es en última instancia lo que determinará la forma de la pieza musical, cono lo hizo en oratorio de Apocalypsis Iesu); pero otras razones también incluyen la necesidad (digamos histórica o personal) de la ocasión que la haga posible. Franz Schmidt fue, que yo sepa, el compositor que más se acercó a una visión musical del texto, pero su interpretación también es fragmentaria. Estoy convencido de que el verdadero monstruo, el dragón que desbarató los posibles esfuerzos de todos esos potenciales compositores a lo largo de la historia occidental, es la forma narrativa del Libro. La estructura es el problema.

El Libro de Apocalipsis es una unidad en el sentido de que comprende una unidad mucho mayor; algunos pueden encontrar la lectura muy perturbadora o el trabajo de un loco si, en verdad, fue el trabajo de un solo hombre. El Libro de Apocalipsis se encuentra en la parte superior de un corpus de narraciones llamado Biblia, al que cita, resume y, lo que es más importante, recontextualiza. Esto le da al Oratorio Apocalypsis Iesu una inteligibilidad que de otro modo faltaría: la Biblia misma constituye sus notas programáticas, por así decirlo.

Vox Aquarum – Voice like Many Waters Ap. 1:15

(Apocalipsis 1:15 – Y sus pies como bronce fino, como quemados en un horno; y su voz como el sonido de muchas aguas. Extracto del oratorio)

Cualquiera que sea el caso, y desde el punto de vista musical, el libro atribuido a Juan de Patmos tiene claras afinidades estructurales con las formas musicales. El Libro se puede dividir en dos partes principales: 1-11 (parte I) y 12-22 (parte II), los dos últimos capítulos representan un clímax importante para todo el Libro de Apocalipsis, y la Biblia misma. La Parte I coincide así con las tres primeras series o septenarios* , correspondientes a las siete iglesias y las siete recompensas, los siete sellos y las siete trompetas. La Parte II comprendería las otras tres series: visiones apocalípticas, los siete viales y las siete últimas cosas. El Libro de Apocalipsis, desde este ángulo, presenta un notable grado de simetría.

Septenarios del Apocalipsis – Roberto O’Farrill (YouTube)

Esto permite un enfoque temático que puede coincidir o no con la reintroducción de algún contenido en particular en el libro como, por ejemplo, la ira de Dios o el descenso de los ángeles. Esto es importante: las llamadas idée fixes estarán inevitablemente presentes pero seguir su recurrencia y sus transformaciones no nos darán el sentido estructural de toda la obra musical: lo que nos darán es la sensación de continuidad sin la cual cualquier obra musical puede ser ininteligible. Idée fixes o leitmotif son un dispositivo técnico que permite al compositor caracterizar a un actor o una circunstancia en una pieza musical extendida. Por extensión, aplicando una serie de técnicas de composición se pueden variar esas ideas musicales (motivos, celdas o como se quiera llamarlas) para permitir un desarrollo en ese personaje o un cambio en las circunstancias.

Con estas cosas en mente, me dispuse a trabajar en el Libro del Apocalipsis con el propósito expreso de hacerlo musicalmente inteligible. Esto puede sonar demasiado remoto para, digamos, una audiencia que vería un tratamiento musical completo de la obra de un “loco” como la obra de otro loco. Y sin embargo la intuición más o menos clara de que hay un ritmo imaginativo a lo largo del libro (más allá de su distribución en capítulos, de sus dos grandes arcos temáticos – vease este artículo de mi blog- y que ese ritmo es un principio unificador, determinó en mi mente que también se puede otorgar un tratamiento musical a la obra. Fue entonces cuando tomé la decisión de comenzar a trabajar en el oratorio.