Poder Ilegal: La Esfera Azul del Leviatán

Geometría del Mundo Hispanocatólico
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Manifesto Explicativo

Introducción

Este es un escrito de jerarquía vertical, en cuanto que versa sobre principios indiscutibles, y que parte del movimiento revolucionario-constitucional que cruzó el mundo hispano a principios del XIX, y que ahora ha retomado una urgencia vital para los pueblos de las américas; no menos para los descendientes de aquellos europeos que en un afán colonizador, o cristianizador (para bien o para mal), pasaron el relevo de la aventura humana a los que ahora son el Nuevo Mundo, prometido, mesiánico en sus principios y volcánico en sus aconteceres.

Es un escrito para sus herederos naturales, para todos aquellos que presas del Leviatán se enfrentan en una lucha de proporciones bíblicas a un Poder Ilegal.

Puesto que nos proponemos considerar la comunidad política, cuál es la más firme de todas para los que son capaces de vivir lo más conforme a sus deseos, hay que examinar también las otras formas de gobierno […] para ver lo que tengan de recto y útil.

Aristóteles, Política, Libro II, 1

Argumento

El poder ostentado por la mayoría de los gobernantes a nivel global, específicamente por aquellos que son gerentes de un poder efectivo y que trasciende sus fronteras, es ahora ejercido de manera ilegal. Este artículo quiere retomar brevemente la discusión sobre qué es el poder en el contexto de la sociedad humana de hoy, y en concreto qué es lo que puede constituir la legalidad, o uso legal de ese poder.

Fuerza como Poder

Poder no es fuerza, aunque en su manifestación más visible haga uso repetido y abusivo de ella. Pero la fuerza es un mecanismo del poder, y no el poder en sí. El poder en ese contexto sería la aceptación de ese mecanismo (la fuerza) por aquellos que se someten voluntaria o tácitamente a aquel. El uso exclusivo de la fuerza para someter, digamos a una comunidad humana o población es destrucción, ya sea física o de la identidad de ese grupo humano. Su opuesto es el orden basado en la ley.

Frater V.I.M., CC0, via Wikimedia Commons –
The Sigil of Baphomet, which features the Hebrew name for Leviathan, https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sigil_of_Baphomet.png

El poder que ostenta el filo de una espada o el barril de un revolver son, sin más, técnicas de aniquilación, comunes históricamente, pero necesariamente pasajeras. Incluso los desórdenes y fracturas históricas más mortíferas e intestinas, como pudiese ser la “era de la desunión” en la antigua China, el imperio romano tardío, las rebeliones y guerras religiosas europeas, dan paso inevitablemente a un orden basado en un número de principios básicos de orden natural, y común a la raza humana. Ese orden es susceptible de ser impuesto, pero es su aceptación lo que le da la calidad de durabilidad y estabilidad. De continuidad histórica.

Disuasión

El nivel medio de sometimiento al poder lo constituye la disuasión, si se entiende ésta como aquella en la que la amenaza de la fuerza no está presente, o por lo menos no es capaz de abrumar a aquellos dispuestos a someterse o establecer un orden. Denominar a la fuerza disuasión es cinismo. La disuasión es en el mejor de los casos retórica o diplomacia, no amenaza velada o explícita. Cualesquiera que sean las bases reales del discurso del poder, o el aspirante al mismo, ese discurso se alinea con una amalgama de intereses, otros poderes no soberanos, preferencias personales, grupales (o partidistas), e interpretaciones idiosincráticas; estas constituyen siempre una simplificación de las circunstancias reales. Los llamados noticiarios televisivos, publicaciones impresas, o digitales en los que se apoya el poder (o lo contradicen) necesitan de simplificaciones para que su mensaje sea inteligible por la audiencia a la que se dirige: es decir, deben ajustarse a un gradiente de significación, que es lo que aquí se denomina “simplificación”. La aplicación de un modelo económico, la conveniencia de un pacto, inicio de hostilidades, interpretaciones de la historia, etc., son todos frutos de conceptualizaciones de una realidad que en un detallado análisis generalmente contradice o matiza la esencia de lo que se predica en el discurso.

Falsedad y Traición

El uso de la disuasión con ánimo de engaño, ocultación, crimen, etc., es una falsedad cualquiera que sea el grado de la misma. Cuando la falsedad se utiliza con ánimo de someter al grupo, nación, comunidad… debe considerarse traición, en cualquier grado. Esto constituye, junto con la fuerza, un uso ilegal del poder.

Legitimidad del Poder: Fuerza o Disuasión, España

La legitimidad del poder cuando se usa la fuerza sin consentimiento de los sometidos, o por medio de falsedad o traición, es tiranía en cualquier grado, desde el genocidio hasta la ocupación del área priada o territorial de la comunidad o el particular, y habría de medirse el nivel ilegal de violencia ejercida por la capacidad de resistencia de ese individuo, familia, comunidad, etc. Desde la queja legal hasta el acto del sacrificio de la propia vida. Cuando un poder percibido como legítimo usa la fuerza para obtener un nivel cualitativamente diferente del poder que ostenta estamos en presencia de un autoritarismo en marcha, ya no en potencia. Éste podría corresponder al caso de Venezuela o la Unión Soviética, en el que una nación próspera o con claros antecedentes históricos pasó a convertirse en una nación bien fallida, bien genocida. En ambos casos primero se usó la falsedad, y luego la fuerza bruta. En el caso de Cuba el éxito de la revolución se debió en gran medida a la percepción de que el país estaba en estado de sito por una potencia extranjera, lo que es un elemento histórico común en la retórica de la disuasión, cualquiera que sea el grado real de la amenaza. Asia, y el Oriente Medio, con claros perfiles históricos, han conocido repetidamente momentos que han sido percibidos de la misma forma. Amenazas inminentes, graves, y de carácter destructor irreversible.

Ver, sobre todo, Gregory Stanton[1]https://www.youtube.com/watch?v=B70d2Z9yago

La legitimidad del poder disuasorio es, a pesar de todo, la más común y estable. Su legalidad resta en diferentes percepciones del origen o necesidad última de ese poder, desde la “ley natural” a los derechos humanos lato sensu, o la voluntad de Dios o dioses por medio de un intermediario humano a la voluntad del pueblo.

En España la legalidad del poder reside en la Constitución, que es un documento redactado de manera concertada para, como establece su preámbulo, “Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular.”, y sobre todo en su artículo dos, donde se establece que la soberanía reside en el pueblo español. Cualquier desviación de este principio, aprobado, y ratificado por los interesados (el pueblo español), en cualquier grado, es un uso ilegal del poder. Y este es la percepción por una parte creciente y significativa de la población, o pueblo español: que se ha quebrado la soberanía del pueblo por medios disuasorios del carácter que sean: enmiendas, leyes que la contradigan, pactos (públicos o no, con españoles o extranjeros) que socavan esa soberanía, o actos de omisión que violan los preceptos de la Constitución Española. Cualesquiera que sean, y con mayor carga delictiva (atentado a la legitimidad) según el rango.

Consecuencias a nivel práctico

El término establecido por las leyes para la gerencia del Estado, para su administración por parte de los servidores elegidos por la nación, no tiene precedencia sobre la necesaria devolución inmediata de la soberanía al pueblo y la rendición de esa gerencia para que ese mismo pueblo pueda, de nuevo, articular esa soberanía. La persistencia de intenciones contrarias, o ajenas a los intereses y costumbres del pueblo soberano es un acto de violencia estatal, y si se probase el pacto, total o parcial, o confabulación con soberanías o poderes extranjeros, un acto de guerra.

Violación de la Soberanía

La violación de la soberanía, por cualquier medio, constituye una emergencia nacional y un ataque frontal o encubierto al pueblo y al país; éste como el medio social, político, y geográfico del pueblo en tanto que entidad articulada y soberana. La carencia de vías eficaces para la articulación periódica, e incluso urgente de la soberanía de una nación pueden, de manera irreversible, entrar en desacuerdo con los intereses fácticos y legitimidad (no idealizados) de las fuentes soberanas, y constituyen una amenaza directa e inminente para los intereses, integridad física, psicológica, moral, y necesidades básicas de ese pueblo soberano.

Conclusión

La ocultación de la situación geopolítica actual por parte de los servidores o gerentes del poder es un obstáculo para la articulación del poder soberano de los pueblos auto-determinados. La ocultación de avances técnico-científicos que tienen una repercusión directa con los intereses de un pueblo soberano es un acto constitutivo de falsedad, y por tanto invalida el ejercicio legal del poder.

Michael Sgan-Cohen (מיכאל סגן-כהן), CC BY-SA 3.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0, via Wikimedia Commons

Epílogo

La democracia, o en general la representación de un pueblo soberano por servidores electos, cumple el paradigma político de una nación “para los que son capaces de vivir lo más conforme a sus deseos”. No existe legitimidad de la misma cuando sectores significativos y soberanos de una nación entienden de manera consistente y continuada, que se ha cometido una trasgresión y se les ha sustraído su soberanía. Todo servidor, o gerente de la nación es contumaz y rebelde con respecto a la legalidad del poder cuando agrede la soberanía del pueblo (ya sea parcial o completa su representación), o actúa con falsedad o disimulo. Esto puede considerarse como un indicador de emergencia nacional no anunciada.

Giacomo Rossignolo (1524-1604), CC BY-SA 3.0 https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0, via Wikimedia Commons

Todo acto, u omisión; todo acuerdo, pacto, entendimiento, escrito o no escrito, tácito o expreso; toda intención articulada o acción; toda motivación de dañar al pueblo, mellar o requisar su soberanía o identidad, cualesquiera los intereses o percepciones de esos intereses como necesidad, conveniencia, o reajuste, son ejercicios ilegales del poder.

Todo poder ilegal es una propuesta histórica de cambio. Y como tal está sujeta a su opuestoes el poder legal y acordado, que cuenta como última, esencial, y necesaria motivación la continuación y supervivencia de una identidad, grupo, o incluso de la especie misma.

http://aula017.blogspot.com/2016/01/nestor-de-la-torre.html

Todo poder ilegal este sujeto a intereses contrarios a la idea de continuidad, pueblo, lengua, especie, o nación, un poder (ilegal) dotado de medios inefables de destrucción masiva, coordinada organización global, apoyo financiero ilimitado, y, por lo tanto, una amenaza directa y letal para la especie definida como homo sapiens sapiens. La humanidad.

El poder legal sólo puede ser de un pueblo que puede articular su soberanía, que representa una continuidad acordada periódicamente, tácitamente, incluso ocasionalmente, pero nunca de manera autodestructiva por la vía de la fuerza planeada, sobrevenida, o falsa.

https://en.wikipedia.org/wiki/Leviathan (Commons)

Apéndice: Una Nota Sobre el Concepto de Democidio en Wikipedia (o su Ausencia) y el Contexto Hispano.

La paupérrima entrada sobre esta realidad humana, la del democidio, en la que se presenta como la enciclopedia en línea más consultada a nivel mundial (Wikipedia) es, no sólo indicativa del pésimo nivel del intelectual medio en lengua hispana, sino que demuestra una intencionalidad, ya no contumaz y rebelde, sino peligrosa y quizás mortal a cortísimo plazo.

La lengua española que comparten los hispanos peninsulares, isleños, y sobre todo hispanoamericanos, ha de redefinirse como hispana urgentemente; ello con su vertiente española, pero sobre todo la que corresponde a los núcleos culturales hispanos tradicionales (Argentina/Chile, Mexico grande, Perú/Bolivia, en orden alfabético), y contemporáneos del área vasta hispanoamericana, incluidas las novísimas comunidades culturales pobladoras y reivindicadoras en EEUU, pasando por esa línea de resistencia que han constituido tradicionalmente Colombia y Panamá, y las heroicas, cualesquiera sus matices joyas caribeñas.

Isabel y Fernando legislaron a todos ellos, y legislaron bien. Si hubo “conquista”, lo destacable de la misma fue la continuidad de una economía sostenible, no esclavista. En absoluto. El testamento de Isabel no fue una fábula sino un código de honor, como lo fue el de Julio César. Y en ese sentido, el de Isabel fue mucho más efectivo a nivel práctico que el otro. Si existe, como es obvio, un progresivo distanciamiento de las poblaciones étnicas indígenas en Hispanoamérica (que es el área de mi reflexión), este distanciamiento también tiene un corte tradicional.

Los antiguos enemigos ya no son enemigos, sino compañeros de viaje en este punto azul del sistema solar, pero los antiguos intereses siguen ahí, inamovibles. Un ejemplo menor de ello, aunque altamente significativo, es la carta que el diputado laborista (eso significa izquierda, imagino) en la Cámara de los Comunes de Gran Bretaña, Derby North, dirigió el 21 de Diciembre del 2018 al presidente de España Pedro Sánchez. Una carta todavía sin respuesta.

https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/9d/Destruction_of_Leviathan.png (Commons)

El único camino viable que puede integrar y devolver los derechos a las etnias originarias de Hispanoamérica es saber que sus primos-hermanos al norte del Rio Grande ya han dejado, históricamente hablando, de existir. Ello es historia, y aunque este escrita aquí y allá en inglés, de eso los hispanos sabemos muchísimo más. Hay que de-conquistar, urgentemente, el lenguaje hispano para que pueda servir de vehículo de comunicación, re-generación, y fundamento de una economía sostenible. No la que existía en la ruta azul, por próspera que fuese, sino la que es lógicamente una alternativa viable al caos genocida actual.

Sigamos con áreas conceptuales. En la entrada en idioma inglés de la Wikipedia leemos (traducción mía, con apoyo idiomático de Google):

El democidio es un concepto propuesto por Rudolph Rummel desde, por lo menos, 1994 para describir “el asesinato intencionado de una persona desarmada o desarmada por agentes gubernamentales, que actúan en su capacidad autoritaria y de conformidad con la política del gobierno o el alto mando”. Según Rummel, esta definición cubre una amplia gama de muertes, incluidos trabajos forzados y víctimas de campos de concentración; asesinatos cometidos por grupos privados extra-oficiales; ejecuciones sumarias extrajudiciales; y muertes masivas debido a actos gubernamentales de omisión y/o negligencia criminal, como hambrunas deliberadas y asesinatos cometidos por gobiernos de facto, es decir, asesinatos en la guerra civil. Esta definición cubre cualquier asesinato de cualquier número de personas por cualquier gobierno (énfasis mío).

Geometría del Mundo Hispanocatólico
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Rummel creó el término democidio como un concepto ampliado para incluir formas de asesinato por parte del gobierno no cubiertas por el término genocidio. Según Rummel, el democidio superó a la guerra como la principal causa de muerte no natural en el siglo XX. Según Raphael Lemkin, los objetivos del democidio incluyen la desintegración de las instituciones políticas y sociales de la cultura, el idioma, los sentimientos nacionales, la religión y la existencia económica de los grupos nacionales, así como la destrucción de la seguridad personal, la libertad, la salud, la dignidad y incluso la vida de las personas pertenecientes a esos grupos.

Sólo las víctimas de las revoluciones soviética (revolución armada y gulags)y china (en sus diferentes fases) nos dan cifras que se acercan (o superan con creces, según las fuentes) 150 millones de personas. El holocausto nazi asesinó, según las fuentes (muy discutidas, sobre las que no tengo suficientes datos para pronunciarme), de 6 a 7 millones de inocentes judíos por el sólo hecho de pertenecer a una religión diferente, además gitanos (etnia), homosexuales (homofobia), “comunistas” (un saco para meter a todos los enemigos políticos), etc. Luego vinieron las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, en una nuevo y devastador paroxismo homicida. Si añadimos Camboya, Vietnam, Corea (que se acerca a las cifras del holocausto), y las periódicas incursiones en los llamados países del Tercer Mundo en el siglo XX la cifra empieza a írsenos de las manos. La primera guerra mundial mató a unos 10 millones de soldados, la cifra (mucho más numerosa) de la población víctima de esa guerra todavía se debate.

FUENTE; https://mag.elcomercio.pe/mag/primera-guerra-mundial-fotos-soldados-muertos-cifras-francia-alemania-europa-nnda-noticia-562615-noticia/?ref=ecr

Sin ningún género de duda la cifra de 200 millones de seres humanos asesinados por decisiones y actos agresivos contra poblaciones humanas de gobiernos de facto, se nos queda bastante corta.

Estos gobiernos nominales, se discute, son en realidad agentes de diferentes agendas de poder, intereses de todo tipo respaldados por poderosas entidades, o, simplemente, asesinos. Lo que nos lleva a lo mismo: son actores políticos que ejercen un poder ilegal, el cual tiene un efecto devastador en las poblaciones humanas. Son democidas por definición. Vemos que democidio es:

Asesinato de cualquier persona o pueblo por parte de su gobierno, incluye el genocidio, el asesinato por motivos políticos (o “politicidio”), y el asesinato en masa. El democidio no es necesariamente la eliminación de grupos culturales completos, sino más bien grupos dentro del país que el gobierno juzga que deben ser erradicados, bien por razones políticas, bien debido a supuestas amenazas futuras.
(https://en.wikipedia.org/wiki/Democide)

Los métodos de estos asesinos, bien directos o actuando de proxy, ya no son en absoluto populares. Sus víctimas están, mayormente, bien informadas y al acecho. Esto, sin embargo, alberga importantes matizaciones a nivel étnico. Los hispanos lo saben tan bien como, digamos, los anglos, pero la diferencia es que no se ha articulado un discurso de disensión generalizado, y usando como herramienta el lenguaje común y la convergencia de los pueblos que dominan ese lenguaje, aunque se rebelen contra el mismo: su ventaja sigue siendo el alcance de esa comunicación, no los vocablos de la misma.

El lenguaje hispano, tradicionalmente el “español”, es más efectivo a nivel político y social, e incluso de supervivencia, que cualquier tratado de armas. El lenguaje es comunicación, hereda, cambia, revoluciona, pero no por ello deja de comunicar. Hablando, decimos, se entiende la gente. Y eso es sabiduría popular milenaria. Quizá la más distintiva de una especie en peligro de extinción.

Post Dictum

Este Manifesto está especialmente dedicado a aquellos que me han enseñado a ser español, que me han recordado el valor espa­ñol, y el valor de ser español. Que me han ayudado a recobrar una identidad y una dignidad en ocasiones perdidas. Olvidadas.
Quiero agradecer a los patriotas hispanos, doquiera, su saber, su afán, su coraje, su pundonor.
Soy español, hispano, soy hijo de una madre y un padre españoles, hispanos, que me enseñaron que los derechos humanos y las sagradas Constituciones de todos los estados revolucionarios, desde Cádiz a París, el Londres de William Blake, pasando por la columna vertebral americana hasta Filadelfia, que cambiaron la historia occidental, y con ello la humanidad, ya estaban escritos en la sangre de Isabel y Fernando mucho antes. Que lo dejaron por escrito. Que lo cumplieron en vida, en su entendimiento real. Que la libertad es lo que se hace, se pretende, se legisla y se manda. Pero sobre todo que duramente se controla y supervisa. Al detalle. Que toda falsedad tiene un principio y un final.

Mi especial agradecimiento a Atlas Hispano, y a sus colaboradores.

It is our time in the Universe.

Chris Cornell