Los Dos Apocalipsis

Apocalipsis Iesu, Parte I
Apocalipsis Iesu, Parte I

Si por alguna razón histórica sólo hubiésemos llegado a saber de los once primeros capítulos del Libro del Apocalipsis de Juan, tanto la doxa como la dogmática cristianas seguirían viendo en el libro una obra de alto valor religioso y espiritual.

(Ver más abajo, Los “Dos” Apocalipsis)


Si escribir música para, a pesar de, o causa de, el Libro del Apocalipsis requiriese “pintarlo” con colores musicales a la vez que apuntalarlo con armonías (cuales fuesen) yo ya hubiese abandonado la tarea hace años. La necesidad última de hacerlo se me escapa: siempre ha sido: “hay que hacerlo”, “alguien debe de hacerlo”, o cosas así, pero eso se cae por su propio peso. Un peso de veintidós capítulos y cuatrocientos-cuatro versos. En latín en mi caso. Sin atajos ni truquitos musicales, y algo más allá de opciones tales como tonal/atonal, u otras. 


Para un resumén escueto de mi enfoque musical al Libro del Apocalipsis refiero al lector a la página dedicada al oratorio Apocalypsis Iesu.


Introducción: El Libro del Apocalipsis

Nadie puede llegar a saber cuándo Juan de Patmos se decidió a escribir el Libro del Apocalipsis: ¿era acaso un jovenzuelo que leía, o escuchaba más bien, historias del fin del mundo?, ¿Le surgió su inspiración, como a Cervantes, en una injusta cautividad, en la contemplación de la crueldad sanguinaria de la que son capaces los que ostentan el poder de hacer ley, los que ostentan el poder de esclavizar?, ¿Era acaso Juan un hombre ya viejo cuando las imágenes (que ahora llamamos sencillamente “símbolos”) del apocalipsis le acometieron, posiblemente de manera repetida y febril? ¿O fue todo ello a la vez; un “Fausto”, casi igual de descalabrado, que le llevó una vida?

Sabemos más o menos las fechas (68 DC, antes de la destrucción del Templo de Jerusalén, o 96 DC), y poco más de su biografía. Algo hay, pero no mucho. A veces se supone que no lo llegó a terminar y que algún discípulo (quizás torpe, o no a la altura del maestro) lo terminó de redactar y ordenar más o menos en la forma que ahora lo conocemos. Creo que hay grandes compositores en Hollywood que tienen ayudantes también, allaAsimov, con un pequeño taller de Santa Claus. A quién le importa ya todo ello. Así es y así fue.

Lo que a mí ya no me quedan dudas es que quienquiera que fuese su editor último, Juan tenía un instinto artístico del que queda mucho todavía por investigar.


El problema de la estructura del Libro del Apocalipsis


La serie de eventos que nos presenta el Libro del Apocalipsis podrían resumirse (no exhaustivamente) en lo siguiente:

Listado de Hechos Apocalipsis
Listado de Hechos Apocalipsis

El problema de un listado de hechos y personajes es el de que el libro de Juan no sigue una línea temporal fácilmente inteligible, es más, es muy recurrente y sus obvias secuencias de siete no ayudan en absoluto hasta el punto de que algunos autores las entienden como fundamentales para la estructura y otros como una distracción más o menos justificada.

Hay algunos intérpretes del Apocalipsis de Juan que ven algunos de los capítulos como digresiones, o exploraciones de temas que no estarían por lo tanto incluidos en la trama principal, que sí cuenta con una sucesión lineal de eventos. Estos autores generalmente se refieren a estas digresiones como interludios. Yo no estoy de acuerdo con esta interpretación. Cierto que se puede observar una progresión que va desde un planteamiento a un desenlace. Llamemos al planteamiento, en su origen, alfa “Α” y en su desenlace omega “Ω”, y hagamos una representación de una secuencia lineal de eventos:

Α → Ω

Y ahora podemos añadir algunas digresiones en capítulos tales como el 7, 10, partes del 11, y generalmente también 14, que se considerarían como interludios que complementan la visión general del tema principal:

Mapa de Interludios del Libro del Apocalipsis
Mapa de Interludios del Libro del Apocalipsis


Si bien es plausible, incluso en el contexto bíblico, que existan este tipo de digresiones (tipo Cervantes en Don Quijote), en el contexto estructural del apocalipsis quizás debamos ir un poco más allá, y tratar de preguntarnos si hay otro tipo de configuraciones que respondan más adecuadamente a la narrativa de la obra.


Estructura Septenaria

Hay diferentes versiones de cómo dividir el Libro del Apocalipsis en series de siete eventos. Las series más evidentes no dejan lugar a duda y son incluidas por muchos, aunque hay otras que han propuesto a lo largo de los años. Los siguientes enlaces incluidos en la lista abren en otra ventana:


1. Las siete cartas a las Iglesias (Ap 1:4-3:22)

  1. Carta a la Iglesia de Éfeso (Ap 2:1-7)
  2. Carta a la Iglesia de Esmirna (Ap 2:8-11)
  3. Carta a la Iglesia de Pérgamo (Ap 2:12-17)
  4. Carta a la Iglesia de Tiatira (Ap 2:18-29)
  5. Carta a la Iglesia de Sardis (Ap 3:1-6)
  6. Carta a la Iglesia de Filadelfia (Ap 3:7-13)
  7. Carta a la Iglesia de Laodicea (Ap 3:14-22)

2. Los siete sellos (Ap 4:1-8:1)

  1. El primer sello (el jinete del caballo blanco) (Ap 6:1-2)
  2. El segundo sello (el jinete del caballo rojo) (Ap 6:3-4)
  3. El tercer sello (el jinete del caballo negro) (Ap 6:5-6)
  4. El cuarto sello (el jinete del caballo verde o amarillo) (Ap 6:7-8)
  5. El quinto sello (los mártires) (Ap 6:9-11)
  6. El sexto sello (los desastres naturales) (Ap 6:12-17)
  7. El séptimo sello (un silencio y el comienzo de las trompetas) (Ap 8:1)

3. Las siete trompetas (Ap 8:2-11:19)

  1. La primera trompeta (desastres sobre la tierra) (Ap 8:6-7)
  2. La segunda trompeta (desastres sobre el mar) (Ap 8:8-9)
  3. La tercera trompeta (desastres sobre las aguas) (Ap 8:10-11)
  4. La cuarta trompeta (desastres sobre el cielo) (Ap 8:12-13)
  5. La quinta trompeta (el primer ¡Ay!) (Ap 9:1-12)
  6. La sexta trompeta (el segundo ¡Ay!, que se prolonga durante los 3 excursos siguientes) (Ap 9:13-21)
  7. La séptima trompeta (el tercer ¡Ay!, aclamación celestial, el Arca de la Alianza vuelve a verse (Ap 11:15-19)

4. Las siete visiones de la Mujer y el combate con el Dragón (Ap 12:1-14:20)

  1. Visión de la Mujer (Ap 12:1-2)
  2. Visión del Dragón (Ap 12:3-17)
  3. Visión de la Bestia (Ap 12:18-13:10)
  4. Visión de la Segunda Bestia (Ap 13:11-18)
  5. Visión del Cordero y los 144 000 (Ap 14:1-5)
  6. Visión de los Tres Ángeles (Ap 14:6-13)
  7. Visión del Hijo del Hombre y la Siega por parte de Tres Ángeles (Ap 14:14-20)

5. Las siete copas (Ap 15:1-16:21)

  1. La primera copa (primera plaga) (Ap 16:1-2)
  2. La segunda copa (segunda plaga) (Ap 16:3)
  3. La tercera copa (tercera plaga) (Ap 16:4-7)
  4. La cuarta copa (cuarta plaga) (Ap 16:8-9)
  5. La quinta copa (quinta plaga) (Ap 16:10-11)
  6. La sexta copa (sexta plaga, promesa de esperanza y Armagedón) (Ap 16:12-16)
  7. La séptima copa (séptima plaga) (Ap 16:17-21)

6. Los siete cuadros sobre la caída de Babilonia (Ap 17:1-19:10)

  1. Visión de Babilonia (Ap 17:1-18)
  2. Visión del Ángel anunciando la caída de Babilonia (Ap 18:1-3)
  3. Recomendaciones al pueblo de Dios en Babilonia (Ap 18:4-8)
  4. LamentacionessobreBabilonia (Ap 18:9-19)
  5. La alegría en el Cielo (Ap 18:20)
  6. La caída de Babilonia (Ap 18:21-24)
  7. El triunfo en el Cielo (Ap 19:1-10)

7. Las siete visiones del fin (Ap 19:11-22:5)

  1. Visión del Caballlo blanco (Ap 19:11-16)
  2. Visión del Ángel Exterminador (Ap 19:17-18)
  3. Visión de la Bestia y de su Derrota (Ap 19:19-21)
  4. Visión del Reinado de Mil Años y juicio a Gog y Magog (Ap 20:1-8)
  5. Visión de la Primera Resurrección, el Segundo y Último Combate Escatológico (Ap 20:4-10)
  6. Visión del Juicio de las Naciones (Ap 20:11-15)
  7. Visión de la Jerusalén Celestial (Ap 21:1-22:5)


Otros septenarios que se mencionan a veces son las bienaventuranzas (Ap 1:3; 14:13; 16:15; 19:9; 20:6; 22:7; 22:14); en las aclamaciones litúrgicas a Cristo (Ap 1:4-7; 5:9-10; 5:12; 5:13; 7:10; 11:15; 19:6-7); en los espíritus que están ante el trono de Jesucristo (7, Ap 1:4), los siete himnos, y las siete epifanías. Además de estos Frye menciona también las siete visiones apocalípticas: Nacimiento del Mesías(12: 1-6); Expulsión del Dragón y su caída, (12: 7-17); Levantamiento de los dragones del mar y la tierra(13); Visión de los redimidos(14: 3-4); Mensajes de tres ángeles (14: 6-12); La cosecha final (14: 14-16); La cosecha final(14: 17-20, y otros tales como las siete epifanías y los siete himnos. También menciona un septenario adicional bastante interesante al que llama el “modelo (o diseño) simbólico subyacente”, y que consta de un número de categorías que, siguiendo un modelo que expuso en su Anatomía del Criticismo, se subdivide, o de alguna manera se refracta, entre lo divino y lo demoníaco; aquí apocalíptico y demoníaco:

Septenarios de Frye
Septenarios de Frye

Si bien la estructura septenaria se acerca mucho a lo que yo, como compositor, necesitaba para poner orden a la marea musical que se avecinaba, pronto quedó claro de que no iba a ser suficiente.

Como mucho los septenarios presentes en el Libro del Apocalipsis me permitirían volver a utilizar un mismo material variándolo o reelaborándolo dependiendo de las circunstancias. Esto ya constituye de por sí una gran ayuda a la hora de orientarse en la lectura. El problema en este caso sería identificar los septenarios y concebir la obra como una gran serie de variaciones o elaboraciones musicales de un tema, o grupo de temas, básicos. Y musicalmente esto es factible: narrativamente (aunque quizás debiera decir narratológicamente)no lo veo así, o sencillamente no lo veía viable como una forma musical que sostuviese el conjunto, o por lo menos que le diese una coherencia que fuese más allá, precisamente, de la forma musical y abarcase el sentido del texto.

Pienso que la razón de ello es que, incluso si la correspondencia entre todos los septenarios se tratase solo de un artificio musical (aun cuando conllevase que algunas imágenes u objetos cobren una importancia desmesurada, se devalúen, o se asocien con contenidos contradictorios o no deseables), hay sobradas referencias en el texto que hacen más significativo la asociación de ciertos elementos (objetos, personajes, etc.) a otros que no se encuentran incluidos de manera correspondiente en otro septenario, o no lo están en absoluto. Algunos de estos elementos, tales como el libro o los dos testigos, que me parecían cruciales para entender el mensaje del Libro del Apocalipsis, no se encuentran reflejados satisfactoriamente en ninguna de las series numerológicas que yo podía identificar. Musicalmente los septenarios siguen ahí, y son fuente de inspiración y parte de la estructura total. Pero la música se centra ahora en temas y conexiones que a mi modo de ver tenía más relevancia para Juan como el que escribe, y para mi como el que escucha.

Si a todo esto le añadimos el hecho de que existen otros “números” importantes en el Libro del Apocalipsis, como son sobre todo el doce y el cuatro (el cinco y el seis lo son también, pero en menor medida) amenazaban con tener que repensar la estructura musical en términos numerólogicos, y esto no me convencía en absoluto a pesar de saber que elementos de numerología y astrología tenían que estar presentes en la mente de Juan de Patmos.

El problema es que esto contribuía a echar por tierra un planteamiento estético en lo que a mí se refería.


El Libro y El Librito


Me acerqué al ángel y le pedí que me diera el rollo. Él me dijo: «Tómalo y cómetelo. Te amargará las entrañas, pero en la boca te sabrá dulce como la miel.

(Ap. 10:9 NVI)


La aparición del “libro” (Gr. biblion, Lat. librum) en Ap. 5, y su posible conexión con el “librito” (bibliaridion, libellum) que amarga las entrañas de Juan en Ap. 10 (y las asociaciones con Ap. 6: 14) supuso un replanteamiento musical y narrativo muy significativo, ya con la obra muy avanzada. La temática musical de Apocalypsis Iesu X cobró una inesperada importancia y sirvió (en retrospectiva) para tejer la obra de manera más coherente. Además de ello, sus asociaciones con lo que Juan había de escribir y divulgar a los “pueblos, lenguas, tribus, naciones, gentes, y reinos” (nos faltó uno para un septenario interesante, ¿quizás fieles?), eran demasiado obvias. He aquí, pensé, la clave del libro: es un libro, sí, pero no un tratado.Y a Juan le costó enormemente escribirlo, hasta el punto de que le atormentaba hacerlo.

“Vete, toma el librito que está abierto en la mano del Ángel, el que está de
pie sobre el mar y sobre la tierra.” (Ap. 10:8) – Apocalypsis Iesu, Juscheld

Para empezar a escribir esta música necesitaba algo más sólido que los números, y esto fue lo que encontré: una historia acerca de un personaje atormentado por visiones, o por aquello que vio tanto a su alrededor como dentro de sí mismo; acaso creativo, poco dado al ornamento o el realismo helénico. No muy dado a las letras,quizás, pero a todas luces pugnando por articular su visión, o visiones, en un todo inteligible; un autor que, hace ya casi dos milenios, se las tenía que ver también con problemas estructurales. Quizás Juan tuvo más de una vez que rehacer su obra, tomar prestado de un lado para poner en otro, reescribir y borrar, romper a trizas pergaminos. A veces podría parecer que todo ese derroche imaginativo le vino todo de una vez, de forma atropellada. Pero lo dudo. A mi ver hay demasiadas reelaboraciones como para que todo ello ocurriese de golpe. El salto de la primera a la segunda parte, con el nacimiento del mesías (o de su comunidad) se entiende a veces como una estrategia, pero yo tampoco lo veo así. Esas visiones vinieron en un “antes” o en un “después” de una primera redacción: son, simplemente, demasiado poderosas. Juan dejó sólo un bosquejo de esas imágenes chocantes, las más escalofriantes. Parecía más preocupado, posiblemente obsesionado con su odio a Roma, el Egipto y la Babilonia del libro. Quizás Juan fuese un hombre involucrado y activo en la política de su tiempo.

Quizás(ya son muchos “quizás”), lo que hoy nos parece más fascinante del libro del apocalipsis es lo que a Juan más le costó articular, aquello que alteraba el equilibrio de su escrito y de lo que nos dejó (con la excepción de Roma-Babilonia y la Nueva Jerusalén) sólo un esbozo. Quién sabe, puede incluso que el Libro del Apocalipsis fue en principio una epístola que se le escapó a Juan de las manos porque Juan no estaba destinado a enseñar, sino a revelar.


Los “Dos” Apocalipsis


Premisas compositivas


Muy desde el principio, leyendo y releyendo el Libro del Apocalipsis, me di cuenta de que para darle forma musical a todo aquello iba a tener que dividirlo en partes: lo más fácil era escribir una pieza por capítulo y después decidir cómo agruparlas. En una de esas lecturas me sentí (una vez más) abrumado por las imágenes de Ap. 12, la descripción de la Mujer en el cielo, el nacimiento del mesías (si eso es lo que es), y la imagen terrible del dragón al acecho presto a devorarlo. En ese momento me confesé a mí mismo que yo, como compositor, y quizás también humanamente, no estaba preparado para escribir la música que esas visiones verdaderamente apoteósicas requerían. Sencillamente, no estaba a la altura y, pensé, no lo voy a estar por mucho tiempo.

Casualmente, por así decirlo, ello coincidía exactamente con la mitad de los capítulos a escribir: once a cada lado. Eso bastó para darme una idea del plan a seguir: escribiría los once primeros capítulos del Libro, y después reelaboraría el material en la segunda parte de una manera más “grandiosa”, por decirlo así. Evidentemente no duró mucho mi alegría: la verdadera estrategia se reveló como un toma y daca musical entrelas dos partes del texto por pura necesidad compositiva (musical) y temática (literaria), una división que yo creía en cierto modo arbitraria o conveniente.

No es así.


El “Primer” Apocalipsis


Si por alguna razón histórica sólo hubiésemos llegado a saber de los once primeros capítulos del Apocalipsis de Juan, tanto la doxa como la dogmática cristianas seguirían viendo en el libro una obra de alto valor religioso y espiritual. Los once primeros capítulos cubren el terreno que va desde:

  • la llamada al apóstol, su misión (Ap.1-3) y su visión (Ap.4-5)
  • la victoria temporal del mal y su destrucción (jinetes y trompetas, Ap.6, Ap.8-9)
  • el sufrimiento de los fieles (Ap.7, Ap.11, junto con la aparición de la bestia surgida del abismo)
  • la llegada del reino y el juicio final (Ap.11: 15-18)
  • y la revelación final del arca de la alianza en el santuario de Dios en el cielo


David dances in the presence of the ark.
The Morgan Bible (Commons)

Recuérdese Ap.10: 7:

[…] en los días en que se oiga la voz del último ángel, cuando se ponga a tocar la trompeta, se habrá consumado el Misterio de Dios. Eso es justamente lo que ocurre en 11: 15.


Y El Segundo


No cabe duda que la segunda parte (capítulos 12 al 22) ofrece una estructura similar, si no idéntica con respecto a la primera. Ello incluye el supuesto “interludio” de Ap.14 que no solamente es simétrico con Ap.7, sino que comparte su temática (y añade otros siete ángeles a la trama, si contamos a “uno como Hijo de hombre”, que recibe las órdenes del (¿cuarto o quinto?) ángel.

Puede que jamás lleguemos a saber cómo se escribieron los veintidós capítulos que componen la redacción final del Libro de Apocalipsis. No hay razón para pensar que las llamadas grandes visiones viniesen en último lugar. Quizás la labor más ardua fue darles una forma epistolar y comunicable, es decir, escribir los once primeros capítulos después de haber experimentado la vertiginosa montaña rusa que va desde la aparición de la mujer celestial hasta la llegada de la nueva Jerusalén. ¿De qué sirven esas grandes visiones de por sí? El mundo antiguo estaba familiarizado con bestias, dragones, y apariciones celestes. Ello sin hablar de las posibles conexiones del libro de Juan con la astrología de la época, que a veces parecen proyectar parte del drama que acontece en el libro al cielo nocturno.

Yo no voy a pretender tratar de solucionar cuestiones que llevan casi dos mil años sin ser solucionadas del todo. Sólo quiero apuntar lo que tiene sentido musical y humano en mi experiencia en la lectura del Libro de Apocalipsis. Juan de Patmos parece haber escrito dos obras en una. No había necesidad alguna de destruir tantas veces la tierra con todo tipo de plagas y desastres. Puede que la obra estuviese en manos de alguien en cierto modo desequilibrado o que, en realidad, sea cierto que hubo varios autores o por lo menos diferentes etapas en la vida de Juan en cuanto a la redacción e inspiración del libro.

Puede que convenga en algún otro momento ilustrar el proceso de composición (incluidas consideraciones estilísticas y sintácticas) de manera más detallada, pero aquí sólo me conciernen ahora consideraciones sobre la estructura del Libro del Apocalipsis. Esa estructura, reitero, ha de estar reflejada de manera plausible en una forma musical que haga justicia a la narración, y no la tienda en un lecho de Procusto.


Forma en “doble arco” como clave compositiva


Desde una perspectiva artística, comprometida a darle expresión, El Libro del Apocalipsis parece hablarnos a veces, llamarnos otras, o en ocasiones demandar que escuchemos sus exhortaciones. Lo que nos dice las más de las veces es que todo tiene un principio y un fin, un Alfa y un Omega, que este libro es de principios y de fines, de un ciclo que se repite indefinidamente pero que tiene como término a cada uno de nosotros, que cada uno de nosotros somos la clave y el eje de esa rueda que no para, que no puede parar de rodar:

Eso es lo que Dios, en el relato del Libro del Apocalipsis, le dice a Juan: “Yo Soy el Alfa y el Omega, el Principio y el Fín”, una nueva expresión que, como la famosa fórmula de Einstein para la física, reduce a lo más simple lo que se puede decir de Dios con el alfabeto.


Apocalypsis Iesu: Estructura Formal


Premisas


La estructura formal del oratorio Apocalypsis Iesu está determinada por la estructura básica ya mencionada (α-ω) que subyace el Libro del Apocalipsis en diferentes formas. Esta forma en lo que a la exposición musical del libro se refiere es claramente de arco:

Estructura simple Apocalipsis


O como decimos en ocasiones en otros contextos “tesis – antítesis – síntesis”. Esta meta-estructura podría verse como un recurso formal universal presente ubicuamente en la producción cultural y creativa de la comunidad humana a través del tiempo. Una estructura literaria, que diríamos, o mitológica, que solíamos decir. Desde extremos tales como el complejo de la Odisea o la saga de Heracles en la mitología griega a una simple frase gramatical (“Heracles es un héroe griego”), toda creación o locución humana tiene un principio y un fin; este fines generalmente el que le da sentido u orientación, ya sea implícito o manifiesto para él mismo autor o su lector. En otras palabras y desde el punto de vista de ese hipotético autor y su lector:

Estructura lector_narrador Apoclaipsis
Estructura lector/ narrador Apoclaipsis


En este contexto la obra de Juan tiene como sujeto “estructurante”, que diríamos, a Dios, Alfa y Omega, que dependiendo de la perspectiva que tomemos puede situarse en el primer caso, que podríamos llamar “epistolar”, o en el último caso que podemos entonces denominar “visionario”.

En otras palabras, en el Libro del Apocalipsis la estructura en forma de arco característica de toda producción creativa esta complicada por el hecho de que Juan es en ocasiones un agente activo (Caso 1), incluso centro de la narración, y otras pasivo (Caso 4), como simple trasmisor de las visiones que se le presentan con creciente intensidad y significación. El lector, posiblemente de manera afortunada, tiene que conformarse con los Casos 2 y 3, y es ahí donde radica el conflicto, ya que ni podemos ponernos del todo en el caso de Juan, y mucho menos todavía en ddel Alfa y el Omega.

Musicalmente esto se traduce en un énfasis diferente (temático, orquestal, armónico, etc.) dependiendo del plano, o caso en el que nos encontremos: bien el epistolar del Caso 1, o el visionario del Caso 4.


Ciclos

La estructura musical de Apocalypsis Iesu es la de dos partes (Parte I y Parte II) que comparten dos áreas temáticas comunes, como ya he propuesto: esas áreas temáticas podrían ser denominadas, en lo que concierne a su lector, humanista (correspondiente a lo epistolar y misionario que se recoge en el libro), y espiritual (o visionaria). La primera, o humanista, trata de lo que está haciendo Juan (ver, escuchar, y escribir) y ha experimentado (su biografía, posiblemente traumática). La perspectiva espiritual es la que Juan nos transmite como testigo, la que trata de articular con imágenes apocalípticas y que representan el lado más espectacular del Libro del Apocalipsis.

Lo que necesariamente me interesa a un compositor, además de la temática, es el grado de intensidad emocional que Juan trata de arrojar al lector, no sólo con cada una de sus imágenes(o símbolos),y sobre todo la jerarquía de las mismas.

Temáticamente esas dos aéreas se entrelazan en dos arcos musicales con un claro y espectacular comienzo, una problemática acuciante, y una resolución típicamente apocalíptica o revelatoria, si se quiere:

  1. Parte I (primer apocalipsis):
    1. Visión Celestial y Comisión
    2. Contrastes entre sufrimiento de los fieles y destrucción de los malvados
    3. Apertura del Santuario de Diosy visión del Arca de la Alianza

  2. Parte II (segundo apocalipsis):
    1. Visión Cósmica
    2. Contrastes agudizados (castigos y recompensas)
    3. Desciende la Nueva Jerusalén (sin santuario)


En otras palabras, cada parte establece una jerarquía de imágenes o símbolos que pueden entenderse como enmarcadas en una estructura musical (o creativa de alguna forma) autosuficiente. Llamemos a esas partes “actos” si se quiere, y esas áreas temáticas que se entrelazan en estos misionaria y visionaria. Para definir esos actos con mayor precisión, o dotarlos de un sentido más relevante en el contexto del libro, voy a llamar ciclos a la orientación preponderante en cada uno de ellos. Así, la Parte I corresponderá al Ciclo Misionario, y la Parte II al Ciclo Visionario, sin perder de vista que ambos están indisolublemente unidos en la narrativa del Libro del Apocalipsis.


Parte I: Ciclo Misionario


La primera parte de Apocalypsis Iesu va de Ap.1 a Ap.11. Estos dos capítulos constituyen un díptico en forma de sinfonía coral.

Apocalipsis Iesu, Parte I
Apocalipsis Iesu, Parte I

 
Parte II: Ciclo Visionario


La segunda parte del oratorio se estructura alrededor de una temática de antagonismos significativamente más marcada que en la primera parte. Hay una clara continuidad entre Ap. 12 y 13, Ap. 14 trae de vuelta la faceta misionaria (o epistolaria, elevada a revelatoria) del Libro del Apocalipsis (y, en cierto sentido, podría entenderse Ap. 15 como una continuación, a pesar de introducir los siete ángeles de las plagas). Otros pares temáticos son Ap. 17-18, 19-20, y 21-22.

Apocalipsis Iesu, Parte II
Apocalipsis Iesu, Parte II


Consideraciones


Para entender el Libro del Apocalipsis desde una perspectiva artística habría que ponerse primero en lugar de su autor. Ese es el primer e insalvable problema: ¿¡Por dónde empezar!? Se ha escrito tanto (y se sigue escribiendo más) sobre el Libro del Apocalipsis que es sencillamente imposible empezar por otro lugar que no sea su lectura. Aquí radica el segundo problema: es posible que no poseamos los parámetros o incluso las mismas categorías de juicio (o pensamiento en general)de aquellos primeros discípulos de Jesús, en la era que siguió a la destrucción del templo en Jerusalén.

¿Qué hacer? La respuesta: leerlo, en cualquier caso, y releerlo hasta que su estructura, aquella que satisfaga mejor las preguntas con las que nos acercamos al libro, se hago paso en nuestras mentes. Una opción adicional, o quizás complementaria,es la de dedicar mucho tiempo a la lectura de la literatura apocalíptica, y los comentarios que dos milenios de cristianismo han producido acerca del libro de Juan de Patmos.Con el tiempo este corpus de comentarios, que va de la loa a la denigración, comienza a tomar más o menos, y de manera figurativa, forma de cruz: el axis espiritual (o “pneumático”) va de lo que podríamos denominar teológico bajando hasta el terreno puramente historiográfico; ambos usan el símbolo como herramienta interpretativa, bien en su aspecto de mysterium, o bien como un código hasta cierto punto descifrable. El otro axis, llamémoslo humanista, inevitablemente horizontal, va desde el fanatismo religioso hasta su otro extremo, la completa descalificación del libro; aquí cabe tanto el discurso como la más abyecta intolerancia. En medio de todo ello, como no podía ser de otra forma, se encuentra la figura y el mensaje de Jesús, de Cristo.

En lo que a la creatividad inspirada por la obra de Juan se refiere, la opción de tratar de abarcar el mensaje del Libro del Apocalipsis por medio de una obra artística sigue siendo válida, tanto ahora como lo ha sido desde su inclusión en el canon. Muchos artistas han dedicado su genio creativo o por lo menos su esfuerzo continuado a este tema. Toda vez que el artista haya encontrado su inspiración en el Libro del Apocalipsis ha de plantearse una cuestión que podría denominarse estructural: la unidad de la obra. La visión ha de abarcar el sentido de lo que muestra el paisaje apocalíptico presente en el texto, ese desfile estrafalario deimágenes a la que sólo el adjetivo apocalíptico le hace justicia. Y esto ya es un tercer problema: ¿cuánto puede abarcar la mirada visionaria y detallista del que la ha de crear? Podría decirse de otra forma: ¿qué le legitima a hacerlo? ¿Porqué quiere hacerlo?

Y me apresuro a decir que hay muchas facetas de ese porqué que se me escapan completamente.