Hace Dos Noches Tuve un Sueño

Ground Zero
Ground Zero, Ciudad de Nueva York, N.Y. (17 de septiembre de 2001

Hace dos noches tuve un sueño. Soñé con una multitud. Soñé con la multitud. Esta multitud, esta gente, eran como pedazos de vidrio lanzados al cielo a toda velocidad, cada uno de ellos constituía una imagen individual, una cara petrificada pero aún viva de una persona diferente: la torre del esfuerzo humano que se elevaba hasta alturas cósmicas volaba hecha pedazos en toda dirección posible.


Esta era la nueva cara del infierno, una instantánea de los miles de millones de caras que ahora parecían volar a cámara lenta, alejándose a las alturas; algunos me miraban al pasar (vi terror en sus caras), todos atados imperceptiblemente aun huracán eléctrico invisible, como una presencia que cambiaba de forma, un holograma de contornos indefinibles. Esto fue lo más cerca que nunca estuvimos del rostro oculto de Dios, o del abismo, ese espejo y antagonista de lo mejor y lo verdadero. Este fue el ritmo palpitante de nuestra poesía cotidiana, el momento salvador de una mirada estética, como todos esos grabados en madera medievales y manuscritos iluminados del infierno y el apocalipsis. Este fue el único caso convincente en favor de la globalidad, en oposición al globalismo.

Esta era la nueva cara del infierno, una instantánea de los miles de millones de caras que ahora parecían volar a cámara lenta, alejándose a las alturas.

El sueño.

En el sueño yo corría a refugiarme para evitar la lluvia de escombros que empezaban a caer, y las ondas de choque de aquella gran explosión. Vi un edificio de vidrio y acero, enorme, alto, voluminoso y con formas rectangulares y triangulares. Vi el edificio explotar y romperse en millones y millones de fragmentos de vidrio y fragmentos, que volaban por todas partes en una nube de daño. Esto no fue una explosión común; ningún ataque terrorista o atentado premeditado; tampoco fue un caso de negligencia, ni hubo causa natural alguna, supongo, que no fuese el alma humana y los corazones engañosos de la multitud.

Ground Zero
Ground Zero, Ciudad de Nueva York, N.Y. (17 de septiembre de 2001 – Foto de la Marina de los EE. UU. Realizada por el fotógrafo Eric Tilford, fotógrafo jefe.

Contrariamente a lo que sucedió en el 9/11, donde un grupo de locos genocidas acabaron con la vida de una multitud de almas en un acto imperdonable de locura y egoísmo, causando un sufrimiento tan grande como el propio número de muertos, si no mayor, en mi sueño no había víctimas: todos nosotros éramos los causantes.

Aunque hoy en día muchas personas le han dado la espalda a una comprensión literal del Infierno como un lugar de castigo futuro, se inspiran sin embargo a la misma vez en las tradiciones imaginativas sobre la vida futura punitiva para causar sufrimiento a otros en esta vida actual, para «darles infierno» (give them hell). Las tecnologías modernas y el pensamiento racional que supuestamente marcan nuestro progreso con respecto a las generaciones anteriores ahora nos permiten cometer asesinatos en masa y replicar paisajes infernales con solo tocar un botón; en una inversión irónica, nos hemos convertido en los mismos demonios que nuestros antepasados temían encontrarse cuando se acercaba la muerte.

The Penguin Book of Hell (Ed. Scott Bruce, Introducción. Traducción Juscheld)

 

El tema de mi sueño, su trasfondo emocional, la visión que lo genera, no es infrecuente. Ninguno de nosotros tenía la culpa: todo era o parecía tener un carácter mecanicista, inevitable. Algo que tenía que suceder porque así es como suceden las cosas cuando otras cosas suceden de la manera ciega en que suceden. Al igual que en el Infierno de Dante, el protagonista (quizás la humanidad, en el sueño) no tiene otra forma de salir del infierno en el que ha entrado, sino a través de la cloaca de Satanás: el infierno, también, un gran agujero en el suelo y una monstruosa parodia de organismo vivo.

 


Gustave Dore. Lucifer, Canto 34. Dante, La Divina Comedia.

Mi trabajo en el oratorio me pone cara a cara frecuentemente con símbolos a veces muy difíciles de entender. Es común leer en los comentarios al libro del apocalipsis como, por ejemplo, la mujer resplandeciente que aparece en el capítulo 12 del libro es equiparada con la iglesia, o la comunidad de fieles, sea esta cual fuese en ese momento. Si bien parece natural que en una época de persecuciones e intolerancia un autor tratase de cifrar su mensaje con imágenes alegóricas (en vez de una diatriba o un ataque directo a la autoridad), la impresión que nos queda muchas veces es la de que eso no es todo. Símbolos apocalípticos tales como los que aparecen en la literatura apocalíptica, o en nuestros propios sueños, tienen una etiología y trascendencias rehúsan el dejarse reducir a una interpretación unívoca. El verbo ser en estos casos no va seguido de una cópula: la mujer del apocalipsis sencillamente es, con el mismo derecho a ser que le da el que nosotros también seamos; seamos más que toda posible interpretación o perversión que pueda hacerse de lo humano. La forma que sea que haya de tener la humanidad o la comunidad de fieles es un misterio que, posiblemente, solo puede entenderse a través de imágenes o símbolos que la trasciendan: actores de un drama del que formamos parte sin ser del todo conscientes de ello, o por lo menos de cómo se nos puede llegar a ver desde cualquier otra distancia que no sea la visionaria.

 

Es difícil no tener la sensación de que hemos construido, paso a paso, bala abala, reglamento a reglamento, un verdadero infierno en la tierra. El escenario teatral en el que nuestra sociedad se mueve y actúa tiene poca tolerancia para apartes y soliloquios de sus actores. Ello es porque generalmente esas disquisiciones, al margen del grupo, suelen recordar a nuestros amos y filántropos que sabemos que es una farsa, al fin y al cabo, y de que no nos han llegado a engatusar y engañar del todo. Aquellos que sufren de una conciencia clara y persistente son tomados (por aquellos otros que eligen mirar para otro lado) como síntomas de subversión y, cuando no pueden ser ignorados, son comúnmente castigados con algún tipo de retórica agresiva o peor. Yo mismo no me propongo conscientemente luchar contra lo establecido o, quién sabe, ir en contra de la tendencia. Una sociedad que funcione me conviene como compositor, una delirante o paranoica no. La libertad de expresión favorece mi trabajo, una sociedad amordazada no. En esto, todos los compositores comparten una herencia común, creo, y también lo hacen todos los payasos que se benefician de su opuesto, ya sean musicales o no.

Podría decirse que el trabajo en el oratorio Apocalypsis Iesu me fue impuesto desde fuera, o tal vez desde adentro, que en la práctica significa lo mismo para mí. Este yo, el actor que ahora escribe, tiene un papel difícil asignado. En un momento u otro, todos podemos desarrollar una estructura psicológica particular que, en ocasiones, puede llegar a ser consciente (y por lo tanto,una fuente de quebraderos de cabeza): tenemos la sensación de ser una persona en particular, pero que no termina de encajar con lo que vemos en el espejo del baño o en Facebook, cualquiera que sea el caso. Ser un yo es algo confuso, y la tendencia es a inventarlo junto con los demás, bien unidito al grupo, de la mano con todos los rostros felices que nos rodean, como los legendarios Lemmings corriendo al precipicio. “Puedes ser quien quieras y lo que quieras”: si puedes soñar con ello, entonces es posible, y todos esos lugares de vacaciones soleadas, nieve o cielo azul, cóctel y VIP que visualizas diariamente también se volverán reales. Solamente que no funciona de esa manera. O casi nunca.

 

Mi yo particular posee una tendencia a la introversión y rasgos de adaptación marcadamente intuitivos. Esto generalmente significa que me meto en todo tipo de malentendidos y, a veces, en situaciones desagradables: simplemente no poseo, en el grado exigido en mi entorno, los rasgos adaptativos que me convertirían en una persona útil o utilizable de la manera habitual. Por el contrario, parece que sigo recordando a muchos la existencia de algún obstáculo o deficiencia en algún lugar ilocalizable de nuestras vidas. Ello nos irrita y altera porque ninguno de nosotros sabemos realmente de que se trata, hasta que las diferencias se desbordan y perdemos momentáneamente las maneras y permanentemente la amistad. Estos rasgos, que me han seguido desde siempre, me han causado tanto dolor y sufrimiento emocionales que no he tenido más remedio que desarrollar una persona (en su acepción de mascara, supongo) capaz de representar el papel opuesto: extrovertido y racional, como demanda nuestra sociedad maternal. Solo que no suele funcionar así por mucho tiempo tampoco.

 


La construcción de mi yo, de mí es, quizás, la influencia más importante en el desarrollo de mi trabajo como compositor.



La construcción de mi yo, de es, quizás, la influencia más importante en el desarrollo de mi trabajo como compositor: al igual que en la vida, tuve que crear un conjunto de reglas prácticas que permitiesen mi música,mis melodías y sonoridades. No necesitaba romper las reglas como tal, era más como si estuviera usando las que necesitaba para seguir adelante. No es eclecticismo sino apropiación, un movimiento hacia adelante a un lugar que no podía ver, corriente arriba (o abajo) agarrándome de lo que podía. Por ejemplo,decidí que el acorde tónico usualmente seguiría a la dominante. Esto simplificaba las cosas, a veces las hacía sencillamente más agradables, o más grandiosas a veces si se me ocurría un buen crescendo. Quizás hacia recurso de la polifonía porque le presta a la música la densidad que deseo, y porque me permite captar mejor la forma en que pienso y voy siendo. Decidí, por ejemplo,que el acorde de Tristán no iba a formar parte de mi vocabulario armónico (o coincidir en las voces, aunque esto no es una regla férrea), no porque no me gustase, sino porque siempre suena a Wagner. En cierto momento me crucé con la obra de Riemann y el dualismo armónico, de manera más bien casual, y vi que existían en este último posibilidades interesantes e inexploradas; eso, quizás,supuso un descubrimiento. La única regla que le impongo a mi música es que fluya, que se mueva, que abra perspectivas en vez de cerrar puertas. Que nos hable a todos porque, al fin y al cabo, es un regalo que yo recibo el tener oídos para la belleza, con su tenue pero penetrante voz.


El individuo es en última instancia, el único portador de la identidad del grupo, así como su culminación, ya sea heróica o sacrificial.

No. 4 of Ten Thousand Scenes (十萬圖之四/十万图之四). Painting by Ren Xiong, a pioneer of the Shanghai School of Chinese art circa 1850.

Por una u otra razón, estos ingredientes, estas decisiones musicales que tomo (junto con muchas otras), parecen ralentizar el tiempo mismo de alguna manera.Y esto es algo recurrente que otros también han notado. Siempre recuerdo la reacción de un reconocido compositor cuando le dije que una pieza mía, Music for a Mushroom Cloud (“Música para una Nube de Hongo”), que él había disfrutado especialmente (hasta ese momento,supongo), solo tenía unos 8 minutos de duración. Su expresión pasó de la incredulidad a la burla: la música seria tiene que ser larga. El oratorio (este si es más largo) no es una excepción a esto. Hasta cierto punto, el tiempo se ralentiza lo suficiente como para permitir que una parte sustancial de nuestro pasado, nuestro pasado común, nos alcance y nos entregue un mensaje. No me siento bien ni mal por eso, pero me sorprende que la música logre hacer estas cosas.

De la forma en que yo lo veo, el sueño tiene que ver con la forma en que percibo (o me “enfrento” quizás, como dice a veces el idioma) a la sociedad: todos nosotros como un aglomerado, un todo amalgamado. Es poco lo que he visto en mis viajes que me tranquilice acerca de la capacidad de grupos numerosos de personas para organizarse de otra manera que no sea en arrebatos emocionales espontáneos o por coerción. Las emociones pueden ser manipuladas y, de hecho, regularmente lo son, canalizando su violencia inherente hacia algún otro culpable (y hay un montón de objetivables otros donde elegir). La música también es culpable de lo mismo, hoy más que nunca, con los cárteles de la megalomedia industrial transformando las mentes debilitadas entre nosotros en poderosos avatares digitales virtuales y completamente googlelizados. Manipular las emociones era también la forma en que la música actuaba sobre los individuos y los civilizaba, solo en el caso delas emociones de grandes grupos de personas, los medios suelen ser más insidiosos en la naturaleza, y la coerción ciertamente está siempre en las alas. Muy predecible.


Extracto del Oratorio Apocalypsis Iesu, Apo. 9:11, Juscheld.

Juscheld – Oratorio Apocalypsis Iesu: Exterminans, Apo. 9: 11

Si estuvieras mirando afuera de mi ventana, como estoy ahora mismo, escribiendo estas palabras, verías una niebla muy espesa que se extiende a lo lejos. El paisaje urbano, engullido, la carretera en forma de anaconda, llena de vehículos, la montaña del bosque tragando la lluvia, insaciable, nunca empapada, como si su sed fuera inmemorial. Todavía no hay luces, aparte de los colores cambiantes de las puertas de la ciudad. Los pájaros, estupefactos por la lluvia, vuelan sin saber qué hacer o dónde esconderse; se empapan de hecho. ¿Cómo pueden ser tan estúpidos ?, me pregunto en un antropomorfismo (realmente estúpido ahora), los árboles están ahí, extendiéndose por kilómetros y kilómetros, y sin embargo, no encuentran ningún refugio: ¿cómo puede ser eso?¿Qué los incita a seguir volando en este clima brumoso y bajo la lluvia que arrecia? Estoy seguro de que la respuesta está en algún lugar en internet. Sólo que no puedo estar seguro de que cuál sería la respuesta correcta. No puedo estar seguro de no ser absorbido por otro agujero de conejo de palabras, claves, y memes. Otro desvío, yo solo una señal, un agente sináptico del panel de información, “Gutenbergs” de la enciclopedia cósmica de la cual somos, cada unode nosotros, un bloque movible, presionado, oprimido quizás, para dejar una huella, ó un (¡oh ironía!) carácter.

Así que no abro internet, y no gustándome la lluvia,sigo observando mientras en algún lugar esas aves, esas palabras (eso es todo),esos “replicantes”, los rastros virtuales de un alma, siguen volando. Yo también soy como uno de esos pájaros que vuelan en medio de la pesada lluvia no deseada y las nubes danzantes que tocan el suelo.

Babel comienza cuando tú y yo creemos que estamos pensando en cosas diferentes, a la vez que jugamos el mismo juego, cuyas reglas ni siquiera podemos comenzar a comprender. La torre de Babel estaba en mi sueño, un zigurat también, destinado a conectarnos con Dios, o algún dios, allí donde los misterios de la cópula mística se representaban muy por encima de la multitud, esperanzada y entusiasta. Aún aspiramos, en el fondo, a renovar esa conexión, a participar en el misterio que solo los reyes o sumos sacerdotes y sacerdotisas pueden presenciar y recrear. Aspiramos, como dice el Génesis, a ser como dioses, cualquiera que sea la forma que puedan tomar ante nuestros ojos, modernos. Es posible que el rostro de Dios pueda haber cambiado imperceptiblemente, dejándonos momentáneamente perplejos, expuestos a las formas oscuras y cambiantes del mal o la profundidad. Pero una cosa que parecemos incapaces de hacer es dejar de adorar alguna forma u otra de lo divino, ahora comúnmente televisada. Es paganismo puro y simple, aunque es más probable que escuchemos de Google o de Matrix que del macho cabrío o farsas semejantes. Google, la matriz, los infiltrados alienígenas superiores o lo quesea, pueden considerarse fácilmente como una actualización del Pólipo de William Blake, como en las líneas: «No hay forma humana, sino solo una vegetación fibrosa, un pólipo de afectos suaves sin pensamiento ni visión [pero exuberante en su malicia, podríamos agregar] «, Milton, 24: 37); ode una manera más imaginativa: «un Pólipo de Raíces, de Razonamiento, Duda, Desesperación y Muerte, saliendo y regresando de las Rocas de Albion a Canaán, devorando al Jerusalén de cada Nación de la Tierra» (Jerusalén 69:3). Globalismo es nuestro nuevo intento de alcanzar a Dios, de ver su rostro y su forma; y lo mismo da que seas losfanático o ateo, ni importa lo que seas, creas o no creas, siempre hay una puerta, abierta o cerrada, detrás de la cual reside la llamada. Es el lugar más aterrador y el más humano; de hecho, el que de manera más probable le dé significado a esa palabra, humano, a diferencia de las bestias a las que tan frecuentemente nos asemejamos. Al igual que Babel, el globalismo es una quimera, un envoltorio de amistad y hermandad que anuncia la banca mundial y el advenimiento pomposo de alguna marioneta, o quizás un clan enfermo, como gobernantes universales de nuestro punto azul pálido; anuncia “la ley única para el león y para el buey” (Blake). La imagen es verdaderamente apocalíptica en su sentido literal, utópica y reveladora, y por esa misma razón plausible y deseable para el alma humana.


Pieter Brueghel the Elder: The Tower of Babel
https://en.wikipedia.org/wiki/Pieter_Bruegel_the_Elder

Globalismo es nuestro nuevo intento de alcanzar a Dios, de ver su rostro y su forma; y lo mismo da que seas los fanático o ateo, ni importa lo que seas, creas o no creas, siempre hay una puerta, abierta o cerrada, detrás de la cual reside la llamada. Es el lugar más aterrador y el más humano; de hecho, el que de manera más probable le dé significado a esa palabra, humano, a diferencia de las bestias a las que tan frecuentemente nos asemejamos. Al igual que Babel, el globalismo es una quimera, un envoltorio de amistad y hermandad que anuncia la banca mundial y el advenimiento pomposo de alguna marioneta, o quizás un clan enfermo, como gobernantes universales de nuestro punto azul pálido; anuncia “la ley única para el león y para el buey” (Blake). La imagen es verdaderamente apocalíptica en su sentido literal, utópica y reveladora, y por esa misma razón plausible y deseable para el alma humana.

 

El globalismo, como cualquier otro –ismo, es adoración: “globalidad” es para bien o para mal (posiblemente ambos) una realidad; una que se exige a cada hombre y mujer de este planeta diariamente con creciente y mayor eficacia. Es ahistórico y antihistórico (como cualquier otra utopía), porque la historia es una lección y la globalidad una mentira piadosa: la mayoría de los que se benefician de ella están en contra de sus principios más básicos de igualdad y buena voluntad. Estos son los valores que la historia desmiente, y aquellos que se usan regularmente para reprimir, frenar y refrenar las mentes disidentes, o incluso las realistas. Un mundo de idiotas no se parece necesariamente a un paraíso, y el león apenas se sentará cerca de la oveja por mucho tiempo antes de descubrir que es un lobo disfrazado.

 

Por muy contradictorio que parezca, puede ser un estado de cosas moderadamente esperanzador, y revelador también: llamar a la bestia por su nombre y devolver le al César sus engaños acuñados, vivir con todo ello para seguir adelante y luchando otro. día. La globalidad es un mundo de mercaderes, dinero,guerra, y mentiras; el globalismo es la pesadilla final y deshumanizadora. Sí, lo dije: hay cosas peores que la guerra, incluso cuando la guerra es lo peor. Al igual que en el Libro del Apocalipsis, la imagen desconcertante de la bestia nos recuerda que lo que está más allá del entendimiento puede llegar a ser, no Dios, sino una trampa diabólica. No es el rico y poderoso el que debe caer,sino el engaño y el mal pernicioso con el que conviven: el dragón, la bestia y la mítica ramera de Babilonia son símbolos de una mala conciencia compartida y la sombra de nuestra culpa (sí, nuestra, que haríamos lo mismo en las mismas circunstancias); una sombra que nos sigue a todos.

One World Trade Center – Hudson River.

No creo, ni quiero creer, que mi sueño prediga ningún desastre en la vida real,al menos espero que no sea así. Habla de otras cosas, es un símbolo para reflexionar y pensar cuidadosamente. Si fuera un desastre, creo que tendría que ver más con la pérdida de vínculos valiosos y la cohesión en nuestra sociedad moderna, nuestras familias y comunidades, que con cualquier tipo de explosión real y pérdida de vida. Esta pérdida inevitablemente debilitará al individuo,lo enviará por el camino del miedo, la ansiedad y la inseguridad; y esto es un camino peligroso, uno en el que algunos pueden volverse fácilmente hacia el»lado oscuro». Y eso es todo lo contrario al deseo de un compositor,y al espíritu de la música: escribo una música que quiere abrir nuestros ojos a través (y a pesar) de sentimientos, abriendo las puertas a una vida más plena y espiritual. No todo lo contrario, que es lo que me mostró este horrible y aterrador sueño.