Juscheld, Compositor

Sus Palabras

La música mantiene unido el mundo multifacético en el que yo habito, me une a él proporcionando pistas sobre su significado, quizás nuestro significado. (Juscheld compositor del Oratorio Apocalypsis Iesu)

Danza para la Gente – Juscheld (Media collage en colaboración con artistas internacionales)

“La música es el débil eco que se escucha desde el interior de una cámara de niebla. Radiantes momentos de inspiración pasan cerca de nosotros a la velocidad de la luz.

Vemos, pero de manera tan breve: Nuestros ojos apenas llegan a atravesar la bruma.

Sentimos. ¿Pero qué? la imagen está aquí, frente a mí, momentáneamente prístina y clara.

Los objetos son tangibles, las formas opacas. Ésta absorben las emisiones, proporcionan una orilla a las olas , que aquí chocan.

El silencio es la clave, para aquellos los que tienen oídos para escuchar. Y luego ocurre la música, y al son de ese sonido, sale la luz”.

Juscheld compositor del Oratorio Apocalypsis Iesu - dirigiendo (Xi An Art Gallery)
Juscheld dirigiendo (Xi An Art Gallery- Tianjin)

Mirando y dejando que la mente forme las palabras, como pétalos arrancados distraídamente, irreversiblemente, de la flor que es la vida, tómate en serio, como lo hacen flores y abejas.

Acercamiento

El trabajo musical de Juscheld compositor del Oratorio Apocalypsis Iesu es su verdadera biografía. El lado técnico, sus estudios, festivales, conferencias, estrenos, orquestas y conjuntos que dirigió, juegan un papel en la forma en que Juscheld se desarrolló como compositor. Sólo que, buscar las fuentes de motivación sería como mirar en la dirección incorrecta. Al igual que los antiguos titanes griegos, hay una fuerza que nos conduce irracionalmente, que estaba allí antes de la luz de la conciencia y el destello cegador del ego al que nos aferramos, a veces de manera trágica, otras de manera cómica.

Cuando la comisión para escribir sobre Juscheld y su música se insinuó por primera vez, me negué. He ahí, me dije, un compositor de música (otro más) poco conocido, incómodo al comunicarse, esquivo y con grandes pero tranquilas ambiciones (¿no somos todos?).

(Extracto de  Music for a Mushroom Cloud (“Música para una Nube de Hongo”, IV Mov)

Sus recuerdos de la infancia están enredados en una red de asociaciones y disquisiciones filosóficas de la que es difícil salir: todo recuerdo es un acto de valoración. Esto hacía irritante en extremo dotar la narrativa con un grado aceptable de coherencia. Además, el propio compositor se mostraba reticente a la idea de publicar su vida. Juscheld, compositor del Apocalipsis si los hay, presenta a veces signos casi de paranoides sobre conspiraciones y sociedades secretas. “El mero hecho de que derrochasen tantas energías en negarlo es lo que más me llama la atención”, me dice el compositor.

Pero cedí

Al igual que aquel personaje de Meyrink en El Golem, Pernath, comencé a seguir la historia de otra persona en un mundo donde todos ocultan una, que comparten, o de la que se apropian. Como yo. Comencé a jugar a detective en una trama amañada desde el principio. Retomemos entonces ese principio.

“Mi música proviene de toda la música que he escuchado, y posiblemente de eso que me niego conscientemente a escuchar. Cuando mis padres eran jóvenes y estaban enamorados, escucharon música y la compartieron conmigo. El brebaje del amor y la música es temible, una mezcla mágica. Bebí de ella y desde entonces no esperé nada menos de la vida.”

“Mis primeras canciones y armonías vinieron de sones populares y música tradicional de España; no mucho flamenco [Juscheld es particularmente enfático en desligarse de la tradición musical andaluza, pero a mi parecer erróneamente, como trataré de mostrar en otro lado], junto a canciones entrañables de México, sus músicos estelares, aires andinos, ritmos cubanos, y toda esa riqueza viva que es Hispanoamérica.”

Avanzando

Juscheld, como sé por experiencia, y no sólo por sus cambiantes recuerdos, creció con esos ritmos irresistibles y obcecados. La exótica belleza de esas melodías marcó para siempre su gusto y la extrañeza de todo se normalizó en su música. “Más tarde, mucho más tarde”, continúa, “compré un LP antiguo porque me gustaba la portada. Había algo “clásico” en esa imagen (“lo supe incluso entonces, nada más mirarlo”) cierta serenidad imperturbable que calmaba los confusos años de la adolescencia.”

Juscheld compositor del Oratorio Apocalypsis Iesu con Wolfgang Rhim en el festival de Rostock, Alemania
Juscheld con Wolfgang Rhim en el festival de Rostock, Alemania

Un tipo diferente de belleza estaba presente en esa portada, una que no pulsaba en tus sienes, o hacía que tu cuerpo se moviera, pero que era tan primitivo como arcano. Los vientos que soplaban del norte habían llegado a las costas de una isla, donde suaves olas bañan a turistas bronceados; un grupo de pequeñas islas lastimosas en el Océano Atlánticos.

Para Juscheld los maestros alemanes habían llegado, y con ellos trajeron una pila de partituras: edificios musicales nunca antes imaginados.

“Y así llamé a la puerta y me dejaron entrar. Más tarde, mis años de adolescencia se volvieron confusos y turbulentos, y el proyecto, la mera visión de la belleza, se volvió cada vez más raro.”

Zoë Smith (Piano) & Philip Heyman (viola “Pomposa”), Viola Principal de la Orquesta Nacional de Gales, duo Altitude, tocando “Violinda”, de Juscheld

“Rock” y su séquito de mala actitud y desaliento de pelo largo se convirtió en el opio controlador que diluyó la sensación de fracaso e insuficiencia del compositor: “UK Rule OK”  casi nos hunde una promesa musical. “Fue entonces, cuando me sumí en la desesperación”, dice, “y el simio abyecto comenzó a reírse de los restos de lo que podría haber sido, de lo que podría ser el hombre; fue entonces que volví a escuchar esas melodías, ahora transformadas.”

Influencias y Cambios

Gustav Mahler, por supuesto, el cruzado de la belleza y defensor de los sentimientos, salvó posiblemente más que su carrera. “En la verdadera viscosidad del vicio y la falta de sentido”, me dijo alguna vez,” comencé a entender: entender con algún órgano de percepción que no sabía que poseía”.

Y entonces abandonó la “vida de la comodidad”. Pasaron muchos años antes de que reuniera las habilidades necesarias para escribir la manera en que se sentía y veía el mundo; y de como el mundo, como comprobaremos, lo veía a él. Para dejar en papel, ahora digital, lo que realmente valía la pena guardar para permitir que lo titánico se aferrase a él y dictara lo que viniera después.

El viaje todavía está en marcha, todo cumbres submarinas y trincheras traicioneras. Fue en esos años que conocí a Juscheld, compositor del quimérico Apocalypsis Iesu en su versión de la Vulgata, por primera vez (creo). Poco sabía que esas breves reuniones me marcarían como el futuro biógrafo de un futuro, pero ya activo compositor.

Juscheld en Xi An - Guzheng
Juscheld en Xi An – Guzheng

Soy un escritor de artículos itinerantes y un novelista en ciernes. A diferencia de Juscheld, leo ficción (mucho), y también soy más inclinado a lo sensorial que el compositor. Estudié dirección, de alguna manera sin éxito (así es como conocí a Juscheld la primera vez, aunque nuestros caminos posiblemente ya se habían cruzado antes, como relataré en otro momento), pero me considero un observador de los pueblos y un crítico de modales y maneras en un mundo que se denomina a sí mismo  “global”. Como si no lo hubiese sido siempre.

Por todo lo que sé y me importa. Soy un producto de esa globalidad tanto como cualquier otro, y también lo es Juscheld y toda su música, por mucho que un halo ocultista y místico se cierna a su alrededor. Mi biografía, una que nadie escribirá, corre paralela a la del compositor. Estuvimos juntos desde el principio, aunque nunca nos dimos cuenta. Caminamos por las mismas calles, visitamos las mismas playas y (creo) también teníamos amigos en común, ahora inalcanzables para mí. Pero volvamos al compositor.

Conversación entre la nieve y las flores – Juscheld (fragmento de Asian Artwalk)

El Compositor

Licenciado en el Royal Welsh College of Music and Drama con Peter Reynolds, graduado con una pieza sinfónica Exposición y Transformación, grabado por la BBC NOW, y otras piezas con el PM Music Ensemble. Máster y doctorado en la Academia de Música de Estonia, con piezas de graduación como el concierto de guitarra Dos Mundos, la overtura orquestal Der Zauberberg, o el conjunto de cuerdas de Music for a Mushroom Cloud.

“La Montaña Mágica”, overtura. Juscheld.

Estonia fue una parte importante de la carrera musical de Juscheld, y puede haberlo influenciado de maneras sutiles, mucho más que Arvo Pärt, con el que tuvo algunas clases magistrales en la academia, es el “quietismo” musical de su mentor Toivo Tulev el que señaló las cimas espirituales con las que su música, aunque tan diferente, vislumbra en un diálogo de distancias.

Es cierto que el Juscheld escuchó y analizó la música de Pärt, pero puedo atestiguar que el pensamiento musical de aquel tiene raíces y medios de expresión muy diferentes a los del “santo minimalista”, como Juscheld lo llama a veces (citando a Richard Taruskin, uno de sus autores favoritos).

Ha escrito para un buen y diverso número de conjuntos y solistas en los últimos años, atendiendo comisiones. También ha escrito para músicos asiáticos, y ha trabajado con diversos directores de orquesta.

El Oratorio

El proyecto del oratorio, lleva ya más de la mitad escrito, y me cuenta Juscheld, no fue algo en absoluto bienvenido. Desde el concierto de guitarra, el compositor había tomado la decisión de escribir solo para grupos musicales, ensembles, reducidos. Necesitaba un medio para experimentar con la armonía, y el medio orquestal no era en su opinión en absoluto ideal. Tampoco lo fue el coro, fácil de encontrar donde se encontraba en ese momento, pero demasiado limitado para sus propósitos.

Fue a mitad de su doctorado cuando Juscheld comenzó a escribir una misa, un gesto de acción de gracias que sintió que era necesario en su vida. Una vida de tumbos, quizás, y de viajes que lo enfrentaron inevitablemente con otras culturas.

“Sólo que me quedé atascado”, dice. Eso provocó un bloqueo artístico, una crisis musical, con todos los síntomas que lo atendían. Leyendo Journey to the West [o “Viaje al Oeste”, un clásico chino] me topé con una conversación de Xuanzang, el monje budista que trajo los sutras desde la India a China, con el Bodhisattva, o Guanyín. Éste le decía que para efectuar correctamente cierto ritual (que el libro traducía como “misa”) había que recurrir al “Gran Ciclo”, no a uno menor, que era el que se disponía a preparar Xuanzang. Eureka. Me di cuenta de que la acción de gracias no era un mero gesto ocasional. Había que recorrer un largo camino, empezar desde el principio. Esto en un momento de noticias abrumadoras (en un mundo que sigue aquejado de noticias abrumadoras) y acontecimientos preocupantes que componen el espectáculo de un mundo enloquecido. Fue entonces que la idea de escribir la música del Libro de Apocalipsis me vino a la mente”.

Algo de Música

Me resistí por ser un proyecto “imposible” o demasiado ambicioso.

Juscheld

Pero en vano.

Me senté a escribir el primer capítulo en el verano de 2011. Obtuve las primeras once partituras una detrás de otra [capítulos 1 al 11 del libro del Apocalipsis] en el año siguiente. Están en su mayoría completos, algunos son borradores avanzados. Los capítulos 12 y 18 también están a punto de completarse. He reunido el material musical para otros capítulos también. Vi el estreno de algunos extractos de los capítulos 2 y 3 [las siete cartas a las iglesias de Asia, cada una con una partitura en separado] en Tallinn, Estonia, en diciembre de 2012 en la catedral de San Pedro y San Pablo. Un lugar imposible para algunos, pero que recibió calurosamente (en esa noche invernal) los primeros sonidos del Apocalypsis Iesu.”

Así empezó la historia.